
Ya no tiene ganas. No hay fallo de erección, no hay problema mecánico. Solo un deseo que se ha apagado, progresivamente, sin explicación evidente. Es desconcertante y crea distancia en la pareja. La buena noticia: la ausencia de deseo en un hombre casi siempre tiene causas identificables. Y soluciones.
Puntos clave
- La falta de deseo masculino tiene causas físicas (testosterona baja, enfermedades crónicas, medicamentos) y psicológicas (estrés, rutina de pareja, síndrome de desgaste profesional). A menudo ambas combinadas.
- El «deseo sexual hipoactivo» es un diagnóstico clínico reconocido, no un capricho ni un signo de envejecimiento inevitable.
- La confusión entre descenso de la libido y disfunción eréctil es frecuente. Un hombre que evita las relaciones por miedo al fallo puede parecer «sin deseo» cuando en realidad tiene muchas ganas.
- Un análisis de sangre (testosterona, tiroides) y una conversación con un médico permiten decidir y tratar.
¿Qué es un descenso de la libido masculina? (Deseo sexual hipoactivo)
El deseo sexual hipoactivo (DSH) se define por una disminución persistente de las fantasías y de las ganas de actividad sexual, que provoca un sufrimiento personal o de pareja. No es «no tener ganas esta noche». Es no tener ganas desde hace semanas, meses, sin que nada reavive la llama.
La libido masculina se basa en un cóctel bioquímico: la testosterona (hormona del deseo), la dopamina (neurotransmisor de la motivación y del placer anticipado) y un contexto emocional favorable (seguridad afectiva, atracción, bienestar). Cuando uno de estos pilares se tambalea, el deseo baja.
Es un trastorno frecuente. Alrededor del 15 al 20 % de los hombres refieren un descenso de la libido significativo en algún momento de su vida. Y la mayoría no habla de ello.
Las causas físicas y hormonales
El papel central del descenso de la testosterona (andropausia)
La testosterona es el motor del deseo masculino. Cuando su nivel baja por debajo de 300 ng/dL (umbral de hipogonadismo), aparecen los síntomas: pérdida de las ganas sexuales, fatiga crónica, irritabilidad, pérdida de masa muscular, acumulación de grasa abdominal. Es lo que se denomina andropausia o déficit androgénico ligado a la edad.
El descenso es progresivo: alrededor del 1 % al año a partir de los 30 años. A los 50 años, uno de cada diez hombres está por debajo del umbral. A los 60 años, es uno de cada cinco. Pero la edad no es el único factor. La obesidad (el tejido adiposo convierte la testosterona en estrógenos), la diabetes, la falta de sueño y el estrés crónico aceleran la caída. Para los hombres afectados, consulte nuestra guía sobre los problemas de erección después de los 55 años.
El diagnóstico es sencillo: un análisis de sangre por la mañana (antes de las 10 h, en ayunas) para medir la testosterona total. Si el nivel es bajo en dos extracciones consecutivas, se puede plantear un tratamiento sustitutivo.
Las enfermedades crónicas y los tratamientos médicos (diabetes, antidepresivos)
La diabetes de tipo 2 reduce la testosterona y altera la circulación sanguínea. El hipotiroidismo ralentiza todo el metabolismo, incluida la libido. La insuficiencia renal crónica altera el eje hormonal.
Los medicamentos son un culpable poco conocido. Los antidepresivos ISRS (paroxetina, sertralina, fluoxetina) son los más frecuentemente implicados: del 30 al 70 % de los pacientes refieren un descenso del deseo o dificultad para alcanzar el orgasmo. Los betabloqueantes (contra la hipertensión), los antiandrógenos (tratamiento del cáncer de próstata), los opioides y algunas estatinas también pueden reducir la libido.
La solución nunca es interrumpir un tratamiento por cuenta propia. Háblelo con su médico. Un cambio de molécula, un ajuste de dosis o un tratamiento complementario resuelven a menudo el problema.
El vínculo poco conocido entre la falta de deseo y la disfunción eréctil
Es la trampa más frecuente. Un hombre que tiene fallos de erección repetidos acaba evitando las relaciones. No porque ya no tenga ganas. Sino porque tiene miedo de fracasar. La ansiedad por el rendimiento empuja a la huida. Esa huida se parece a una falta de deseo. Pero es miedo disfrazado.
Pierre, 55 años: «Pensaba que había perdido la libido. En realidad, tenía erecciones difíciles desde hacía un año, y había empezado a evitar los momentos de intimidad para no enfrentarme al fracaso. Cuando mi médico me recetó tadalafilo, mis erecciones volvieron. Y mi deseo con ellas. No había perdido las ganas. Había perdido la confianza.»
Este caso es frecuente. Tratar la disfunción eréctil hace que a menudo vuelva el deseo. El círculo vicioso se rompe. Para entender esta dinámica, consulte nuestro artículo «impotencia y deseo: ¿se puede tener uno sin el otro?».
Si ya no tiene erecciones matinales, es un indicio adicional de una causa física. Para saber más, consulte nuestro artículo «por qué ya no tengo erecciones por la mañana ».
Las causas psicológicas
Estrés, ansiedad y exceso de trabajo (burnout, carga mental 2026)
El estrés crónico es el enemigo más frecuente de la libido en los hombres de 30 a 50 años. El cortisol (la hormona del estrés) suprime directamente la producción de testosterona. Un hombre con burnout, que duerme mal, que encadena jornadas de 12 horas y cuyo cerebro está constantemente en modo «supervivencia», ya no dispone de recursos para el deseo.
No es una elección. Es bioquímica. La dopamina (el neurotransmisor del placer y la motivación) es acaparada por el estrés en detrimento del circuito de la recompensa sexual. El deseo ya no tiene prioridad en la asignación de los recursos cerebrales.
Problemas relacionales y dinámica de pareja
La rutina, los conflictos no resueltos, la falta de comunicación, la carga mental repartida de forma desequilibrada, el nacimiento de un hijo: estos factores erosionan progresivamente el deseo en la pareja. No se trata de «dejar de querer». Se trata de dejar de reencontrarse en una dinámica que estimule el deseo.
Un hombre puede amar profundamente a su pareja y no sentir ya deseo sexual por ella. No es una señal de desamor. Es una señal de que algo en la dinámica relacional debe trabajarse. La sexoterapia de pareja a menudo da resultados notables en estas situaciones. Para profundizar en el tema, consulte nuestra guía sobre la libido y la Viagra.
¿Cuándo preocuparse y cómo evaluar los trastornos?
Si su descenso del deseo dura más de 3 meses y le molesta (o repercute en su pareja), consulte. No es «normal» ni es «solo cosa de la edad».
Las señales de alerta: ausencia de fantasías desde hace varias semanas, pérdida de interés por cualquier forma de sexualidad (incluida la masturbación), fatiga crónica asociada, irritabilidad inusual, erección que se pierde de forma sistemática durante el acto.
Un cuestionario de evaluación de sus trastornos eréctiles puede ayudar a objetivar la situación antes de la consulta.
Según los datos recogidos entre más de 2400 pacientes en 2025, el 88 % de los pacientes constata una mejora en los primeros 15 días de tratamiento. Esta cifra muestra que el primer paso hacia el diagnóstico lo cambia todo.
¿Cómo recuperar el deseo? Las soluciones eficaces
Mejorar el estilo de vida y la comunicación
Primero, lo fundamental. 30 minutos de actividad física al día aumentan la testosterona, la dopamina y la circulación sanguínea. 7-8 horas de sueño por noche (la testosterona se produce durante el sueño profundo). Alimentación equilibrada, rica en zinc y omega-3. Reducción del alcohol. Dejar de fumar.
En la pareja: hablar del problema sin culpabilizarse. Reinventar la intimidad (salir de la rutina, proponer nuevas experiencias, disminuir la presión del rendimiento). Un fin de semana en pareja, sin hijos, sin móvil, puede bastar para reavivar una chispa oculta bajo las capas de la fatiga diaria.
La consulta médica y los tratamientos adecuados
El análisis básico: testosterona total (en ayunas, antes de las 10 h), TSH (tiroides), glucemia (diabetes), perfil lipídico, prolactina (si la testosterona es muy baja). Este análisis orienta hacia el tratamiento adecuado.
Si la testosterona es baja: tratamiento sustitutivo (gel, inyecciones) bajo seguimiento urológico o endocrinológico. Si el problema es farmacológico: ajuste por parte del médico prescriptor. Si la causa es psicológica: sexoterapia, terapia cognitivo-conductual, gestión del estrés.
Si una disfunción eréctil acompaña al descenso del deseo: tratar la erección (sildenafilo, tadalafilo) a menudo rompe el círculo vicioso y hace que el deseo vuelva de forma natural.
En Kano.care, un cuestionario médico rápido permite iniciar la evaluación. Un médico especializado en salud sexual analiza su situación y le orienta hacia el análisis y el tratamiento adecuados. Consulta discreta, respuesta en menos de 24 horas.
Preguntas frecuentes sobre la pérdida de deseo sexual masculino
En parte. La testosterona disminuye con la edad, lo que puede reducir el deseo. Pero muchos hombres de 60 o 70 años tienen una libido activa. La edad es un factor, no una fatalidad. Las causas modificables (estrés, sedentarismo, medicamentos) pesan a menudo más que la propia edad.
Siempre hay una razón. No siempre es evidente. Un déficit hormonal silencioso, un medicamento recetado desde hace meses, un estrés que se ha vuelto crónico: estas causas se instauran progresivamente y pueden pasar desapercibidas. La evaluación médica las revela.
No. El sildenafilo trata la erección, no el deseo. Pero si su «pérdida de deseo» es en realidad una huida ante los fallos (círculo vicioso ansiedad → evitación), tratar la erección puede reactivar indirectamente las ganas. Es el caso clínico de Pierre, de 55 años: tratar la mecánica liberó el deseo.
Dr Sam Ward
Urólogo y andrólogo, dirige el servicio de urología en la Clínica Saint-Jean de Bruselas desde octubre de 2024. Miembro del Comité Ejecutivo de la Cátedra UNESCO de Salud Sexual y Derechos Humanos, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Francófona de Medicina Sexual (SFMS), cofundador de Kano.care, especializado en salud masculina y medicina sexual.







